El Teatro Español, llamado hasta 1849 teatro del Príncipe, ha sido un testigo de primera fila de la historia de Madrid. Fue en sus orígenes un corral medieval donde se realizaban pequeños espectáculos. En el mismo solar que ocupa hoy día el Teatro Español ya se realizaban actuaciones a mediados del siglo XVI. Primero fue en el legendario Corral de la Pacheca, años más tarde -en 1582- se construyó, el Corral del Príncipe, que abriría sus puertas al público el 21 de septiembre de 1583.

La estructura se mantuvo hasta 1735, año a partir del que se levantó un nuevo edificio. Diez años más tarde cambió su denominación de Corral del Príncipe a Teatro del Príncipe.
En 1802, un gran incendio dejó apenas la fachada en pie. Se decidió entonces reconstruirlo, encomendándose la labor a Juan de Villanueva: la fachada neoclásica del actual edificio -con no pocos retoques a causa de incendios sucesivos- es responsabilidad suya.

En 1840, el actor Julián Romea emprendió una serie de reformas que acercaron la disposición de la sala a lo que es actualmente como la supresión de bancos y construcción de palcos y galerías en los cuatro pisos; implantación de butacas en el patio o la definición concreta del lugar escénico al colocar el telón de boca. En 1850, el Coliseo del Príncipe pasaría a llamarse Teatro Español, por estar fundamentalmente dedicado a la representación de autores nacionales.

La llegada de la democracia coincidió con un nuevo incendio. Una vez más rehabilitado, en 1980 volvió a manos del Ayuntamiento de Madrid, su histórico propietario. Se incorporó entonces a la fábrica originaria el edificio colindante -un tercio en superficie del total del teatro en la actualidad-, cuyo uso tiene muy diversas aplicaciones. La última gran reforma del Teatro Español , data de 1995. Posteriormente, en marzo de 2004 se reabrió el foso de orquesta y en 2006 se adecuan las instalaciones y las zonas públicas del teatro a la normativa de protección contra incendios.