Cines con butacas de madera, programación con dobles sesiones, en lugar de palomitas los espectadores llevaban sus bocadillos…un estilo de cine no tan lejano en el tiempo que Barcelona ha perdido y no ha podido subsistir con la llegada de las modernas multisalas y las proyecciones tecnológicas más avanzadas . Ahora el libro ‘Barcelona tuvo cines de barrio’ (Editorial Temporae), obra de Roberto Lahuerta, cinéfilo y miembro del archivo histórico Roquetes-Nou Barris, reivindica y recupera la memoria colectiva de un total de 132 locales cinematográficos de barrio que vivieron su época dorada en los años 60 y 70 y hoy en día han desaparecido reconvertidos en supermercados o parkings.

“Con el paso del tiempo los hábitos fueron cambiando. Venció la batalla la televisión y el vídeo doméstico, junto a los precios algo elevados. Pero el caso es que los locales de cine se fueron vaciando de contenido, se fueron cerrando y abandonando, actuando la piqueta y excavadora con prontitud. Pocas huellas quedaron en los diferentes barrios”, denuncia Lahuerta, que presenta su libro este martes a las 19:00 horas en la sede de la asociación ‘Els Propis’ (Via Júlia, 201).

Una de las últimas víctimas de cine de barrio ha sido el Lauren de Horta, cerrado en verano del año pasado y anteriormente había sido el cine Dante, inaugurado en 1966. “El cine Dante, junto al cine Texas, fueron las dos últimas reliquias de una época en que la gente iba al cine de su barrio y que Barcelona era la capital de las distribuidoras norteamericanas y la ciudad con más salas del país”, explica el autor de ‘Barcelona tuvo cines de barrio’.

Otro cine con mucha historia es el también reciente desaparecido Arenaspor razones urbanísticas. Aunque en sus últimos años era un cine de temática gay, el Arenas se inauguró un 25 de diciembre de 1928, poco antes de la inauguración de la Exposición Internacional de 1929, y entonces sobrepasaba las 2.000 localidades. También en sus primeros años de vida fue algo más que un cine y acogió incluso festivales de ópera.