Intrahistoria de la restauración de la Comedia.
http://diariodejaviervillan.blogspot.com.es/
Catorce años creo llevaba el teatro de la Comedia, sede de CNTC cerrado por reformas. La CNTC la fundó en 1986 Adolfo Marsillach, un hombre al que no gustaban los clásicos. Se apoyaba en Pérez Sierra que le gustaban, y le gustan más. Remozado ha quedado el coliseo,  que no modernizado,  y limpio limpísimo. Y ha abierto sus puertas, entre las que echo de menos las de madera del vestíbulo  interior, que eran un canto a la rotunda artesanía. O eso me parece recordar. No me hagan mucho caso. La melancolía por un viejo vestíbulo que me gustaba más que el nuevo de los arquitectos Araujo y Nadal puede distorsionar mi frágil memoria. Iba a la Comedia con la inocencia intacta. Y salí con la virginidad perdida. El suelo del vestíbulo parece un piso de piscina de verano o de urinario público.
La última representación  fue La dama boba, dirigida por Helena Pimenta. Y la primera de la nueva etapa ha sido El alcalde de Zalamea, montaje también de la Pimenta. Se acabó el exilio en el Pavón de  Pepe Maya que, en régimen de  alquiler, buenos dineros habrá costado. A mí las finanzas no suelen llamarme la atención hasta que me encuentro con Hamlet  que me musita al oído, “economía, Horacio, economía”. Seguí de cerca el inicio de un proceso de restauración que ha durado catorce años. Creo recordar que Tomás Marco, todavía director general,  ofrecía restaurarlo en un año con la convicción y promesa de que los costes los condonaría Patrimonio o no sé qué entidad. Las obras, necesarias, se iniciaron ya con Andrés Amorós en el poder.
Me saca de mis tribulaciones la sonrisa perenne, el beso  afectuoso de Francisca  Miranda Garrigues. En un estreno,  veo a Fran y me digo el mundo sigue sobre sus cimientos, toda va bien Fran nos cuida y nos vigila. Luego veo a Diez Borque, el que más sabe del Siglo de Oro. Su estudio sobre, precisamente, El alcalde de Zalamea  es modélico. Le entrevisté hace 30 años para El independiente, de Pablo Sebastián y dije entonces que me parecía un sabio. Lo es y me ratifico. Diez Borque es el que más sabe  del Siglo de Oro y lo demuestra a cada momento. Te coge por banda y  dicta una lección magistral sobre Calderón en un minuto.   El teatro de la Comedia tiene una historia y una intrahistoria. Tomás Marco, cuando era director general del INAEM, se lo compró a Tirso Escudero por 500 millones  de pesetas. Fue una buena operación teniendo en cuenta que Tirso Escudero cobraba de alquiler una cantidad superior a los  100  millones de pesetas. La sala sigue siendo la de siempre, quizá más reducido el patio el butacas; yo al menos, no percibo cambios que dañen su belleza inmortal, salvo las butacas que, en vez de madera, parecen de un material sintético. !Qué obsesión  la mía con las maderas y los herrajes!. Herencia, sin duda, de mi padre que era un magnifico herrero y trabajaba los troncos de encina.
  Júbilo al final sobre el escenario. Con las estrellas del suceso, un colosal Alcalde de Zalamea, salieron a saludar porteros, taquilleras, acomodadores, la jefa de sala Graciela, equipo técnico. Auténtica democracia más, o por lo menos tanta, que la de Calderón y su justiciero alcalde. Esto es una crónica social a la que falta la innumerable lista de invitados ilustres. Estaba “todo Madrid”. La crítica teatral, mañana. O pasado.