El Teatro Calderón se pone al día

Diario El Mundo

  • Reabre tras 10 meses de obras con una nueva gestora y una programación que, más que entradas, ofrece «experiencias»

     

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Las prostitutas que se apostan en la puerta del Teatro Calderón de Madrid están empezando, poco a poco, a cambiar de ubicación. Han transcurrido 10 meses desde que se iniciaron las obras y se levantaron los andamios, y ellas mejor que nadie han sido testigos del transitar de los obreros y del ruido de los trabajos. Avisadas estaban, pues, de que aquel techo callejero no iba a durar eternamente. Algunas han asumido ya que su privilegiado puesto de trabajo, en la confluencia de las calles Atocha y Doctor Cortezo, era temporal y se han mudado al otro lado de la plaza de Jacinto Benavente, desde donde se tiene una estampa inmejorable de la fachada, de nuevo blanca, del teatro.

Dan ganas de colocarle el adjetivo de «nuevo» porque parece un regalo sin estrenar, pero en realidad, este venerable anciano cumplirá 100 años en 2017. La nueva gestora, una empresa llamada TC 1917 que está compuesta por los propietarios del edificio y SOM Produce (integrada por Gonzalo Pérez, Marcos Cámara, José María Cámara, Pilar Gutiérrez y Juan José Rivero) tienen intención de celebrar el centenario por todo lo alto.

El curator del proyecto será Javier Limón, y los productores prometen sorpresas, ya que el centenario coincidirá con el aniversario de la Plaza Mayor. Pero para eso aún falta casi un año y medio y, por ahora, lo que hay sobre el escenario es un espectáculo de percusión, danza, humor y reciclaje llamado Stomp, al que seguirá el Mago Pop.

El patio de butacas, desde el escenario.

No solo se ha limpiado la fachada del edificio y se ha retirado la antiestética publicidad que le iba cambiando el nombre (Häagen-Dazs, Caser Calderón…), el teatro parece realmente nuevo, en virtud de una serie de mejoras que, sin llegar a significar una reforma integral, sí es algo más que un simple lavado de cara.

El productor José María Cámara abre las puertas de un hall luminoso, limpio de moquetas y forrado en mármol con molduras doradas. La moqueta roja que oscurecía la entrada ha desaparecido junto con la anterior dirección.

«Se desahució a la gestora anterior», en manos de Wonderland (Luis Álvarez), «pero la voluntad de los propietarios era conservar el patrimonio cultural y urbanístico», explica Cámara. SOM Produce ya gestiona el otro teatro que poseen los dueños del Calderón, el Rialto, y por eso, asegura Cámara, les han confiado a ellos la puesta en marcha de este renacido Calderón.

La obra ha costado «mucho más de un millón de euros, pero menos de dos», comenta el productor, y especifica que «limpiar la fachada ha llevado ocho meses». Han quitado los toldos, se han recuperado las vidrieras y se ha puesto un suelo de mármol blanco que brilla bajo la fantástica araña de cristal.

José María Cámara.

El bar de copas que en los últimos tiempos servía a los veladores que sustituían a las butacas del teatro, será reconvertido en una cafetería abierta al público. «Queremos que el teatro sea un lugar de encuentro en Madrid», señala el actual responsable, bajo las molduras de escayola con pan de oro recuperando los diseños originales.

Para José María Cámara, lo mejor de la restauración del teatro es el patio de butacas. «Entrar aquí es como hacer un viaje en el tiempo» a los mejores momentos del Calderón. Se han recuperado las butacas antiguas de 1917 y se han limpiado y restaurado una a una. «Las que ha sido necesario, se han retapizado, pero todas están restauradas», explica.Como curiosidad, se ha mantenido la gran numeración de las filas. «Los acomodadores de antes no debían llevar linternas muy potentes», bromea.

En realidad, recuperar las 943 butacas antiguas es algo más que puro romanticismo: «Es acústica. Los sucesivos cambios que se habían hecho en el teatro habían empeorado la acústica, así que hemos apostado por recuperar la original del recinto».

Todo el teatro por dentro ha sido pintado y limpiado. Los pasamanos de terciopelo de los palcos y los anfiteatros se han sustituido por unos nuevos y toda la tecnología del escenario (luces y sonido) es nueva.

Falta el fresco del techo sobre el patio de butacas, que necesita una limpieza o una restauración. «Lo haremos más adelante, para el centenario. No pondremos andamios, se hará colgando del techo», comenta Cámara. Puede que en ese momento decidan colgar las cuatro lámparas que había incrustadas en el fresco y que hoy están recogidas (una vez han sido restauradas) en el antiguo restaurante japonés Kenday (que se utilizará para eventos pequeños), en el segundo piso del teatro. «Hay que estudiar la viabilidad de las lámparas. No queremos sorpresas».

Las vidrieras de la entrada.

Ya se ha remozado y saneado por completo el voladizo exterior, del que una vez se desprendió un cascote, pero no se colocarán las farolas antiguas hasta que terminen las representaciones de Stomp.

Bajo esta nueva dirección el teatro recuperará para el ciudadano la antigua sala de ensayos, en la última planta del teatro. «Haremos dos espectáculos de juegos de rol, en los que no habrá espectadores, sino jugadores», explica José María Cámara. La nueva filosofía del Teatro Calderón casa muy bien con este proyecto: «La gente no compra entradas; compra experiencias», y los juegos de rol «son experiencias que funcionan muy bien con grupos de 15 personas».

Las humedades han desaparecido de camerinos, vestuarios, lavandería…, que lucen aspecto y olor de recién pintados. Hay más salidas de emergencia. Las escaleras al primer anfiteatro tienen luces nuevas y se han recuperado los cortinajes de terciopelo rojo que tenía antaño. Pero aún falta bastante por hacer. No solo el fresco espera su momento, también las escaleras del segundo anfiteatro y sus pasillos aguardan a que lleguen los metros de moqueta ignífuga que son necesarios para cambiar la actual. Cámara asegura que el teatro no se quedará a medias: «Lo haremos, pero ya teníamos que abrir las puertas y empezar a volar».

@EstherAlvarado